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RENE FAVALORO
(A seis años de su elegido éxodo)
De la pirámide de los jeroglíficos aún no hemos podido descriptar los mensajes. Aquellos que otorga la sabiduría. Esa razón fundamental de trascendencia y el motivo que nos permite descastar a la indolencia. La bandera a media asta es la efímera burla que refrenda una justificación cuestionada por medio de corazones adormecidos que se distraen con la burda sistémica que transmite la cínica pantalla. Chistes, obscenidades, proclamas de bocas de cartón y sacrílegas consignas impuestas por el mero consumismo. Luces y sombras de un set privado que culminan con un disparo en el pecho, acompañando a ese clamor de impotencia que se disuelve en la quietud inconsciente de quienes solamente ofrecen sus espaldas. Como siempre. La ambrosía del poder no comprende los desesperados mensajes que emanan de los que desean una patria igualitaria. En consecuencia, un médico pueblerino se durmió para siempre en las campiñas de los olvidos provocados por un estado que sigue sumergiendo en sus miserias lo mejor de su simiente. La menesterosa actitud sufriente del bisturí angélico, descuajó su luna de miel derramada en los confines de los atemporales sueños. Aún transitan sonoridad sus palabras: "Como se me trata en el mundo se contrasta con nuestro país", "Golpear y llamar a las puertas que mantienen su candado indiferente". "Yo no vivo de homenajes, pues quiero ser útil para mis semejantes". Hoy, a medida que en el aire continúa evaporándose la pólvora contaminante de un arma y que fuera disparada al corazón de los humildes, una lápida sangra a través de su epitafio, combinando la retórica necrológica de los que siguen victimando a los héroes por medio de un calvario sin respuestas.
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